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El dulce canto del mar
En mi memoria llevo el dulce canto del mar, que en sedas de oro envuelve al corazón y silencia la noche con su voz de poesía. Despeja el hastío de tardes pensativas en este crepúsculo, donde huye la esperanza. Las horas al escucharte se detienen, mis palabras buscan el resonar del silencio para no caer en tus cálidos brazos. ¡Oh, dulce canto del mar!

La colina
Aún se pueden ver en lo alto de la colina atrapados en su radiante luz, tus ojos cayendo sobre el dulce aroma de violetas, mientras las palomas con su algarabía buscan otro abril donde reposar sus alas.
Se van con su canto, a algún lugar de mi corazón a recordarle al suspiro que dejo cada día escapar que no sea como las noches gélidas de invierno envueltas en sueño que parece eterno.
Despierta de tu tristeza y deja atrás la memoria de aquel tiempo de pálidas mañanas púes las palomas están de vuelta, las violetas inundan la colina siempre por ti contemplada recordando tan mundanal amor.








Acuérdate del camino…
Camina sin preguntarte lo que esconde este albor púes el tiempo no engaña al cantar del ruiseñor.
Camina sin detenerte al escuchar el cielo hablar ya que es un viejo canto que escuchas al levantar.
Camina deleitándote con su dulce resplandor y sonríe pensando que son estelas de amor.





Imagen
Despierto Despierto en las mañanas,
con el cálido olor de las fragancias
que despierta en mi este mundo. Contemplo atónito este pedazo
de tierra y su infinito.
Y vivo. Al caer el crepúsculo,
me duermo sereno
en el color de la noche,
contigo en mi alma.

Labradora Se viste con el traje típico,
para el deleite de las gentes.
Ella, labradora hermosa y elegante,
que va cantado al son de la cabalgata. Su voz inspira a cualquier galán,
a recitar unos versos, sin más dilación.
Su canto enamora a las constelaciones
de una noche de San Isidro,
donde, el labriego, reza por su tierra.

Turbación
Los días pasan como los ríos, yo sigo igual de ensimismado como en el día que te vi.
Ahora eres la de la decisión, la que siempre contemplaré
aún cuando no estés.
A la espera A la espera de la muerte,
cada hombre está.
Yo, como mortal
también espero
su caricia
desde mi habitación.